Fotografía: LilyFajardo- 2015

Lo Que Aprendí

Con el tiempo he comprendido que la vida no siempre consiste en tener todas las respuestas, sino en aprender a caminar mientras algunas preguntas encuentran su propio momento para ser respondidas. También comprendí que podemos haber sido felices con la vida que construimos y, aun así, llegar a una nueva etapa en la que aparecen otras preguntas, otras prioridades y nuevas formas de mirar el futuro. Cambiar no significa negar quiénes fuimos ni dejar atrás todo lo que nos hizo felices; significa reconocer nuestro recorrido y permitirnos descubrir quiénes somos hoy.

La resiliencia, para mí, dejó de ser la idea de poder con todo. Hoy la entiendo también como la capacidad de escucharnos, aceptar nuestros tiempos, pedir ayuda cuando la necesitamos y continuar, incluso cuando todavía no sabemos exactamente hacia dónde vamos. El amor propio tampoco es una meta que alcanzamos para siempre, sino una relación que construimos con nosotras mismas, aprendiendo a escucharnos, respetarnos y reconocernos con mayor compasión.

También he comprendido que perdonar y soltar pueden ser formas de cuidar nuestra paz, sin borrar lo vivido ni negar la importancia de las personas y las etapas que hicieron parte de nuestra historia. El tiempo adquirió para mí un significado diferente. Comencé a valorar más la presencia, las conversaciones, la familia, los momentos sencillos y la posibilidad de elegir con mayor conciencia aquello a lo que quiero dedicar mi vida.

Mi fe también me ha enseñado que no siempre necesitamos comprenderlo todo para continuar. Y el propósito, más que una respuesta que aparece de repente, puede ir construyéndose poco a poco, a través de aquello que nos importa, nos mueve y sentimos que podemos compartir con otros.

Hoy sé que no necesitamos tener la vida completamente resuelta para comenzar algo nuevo. A veces basta con detenernos, mirar con honestidad dónde estamos, reconocer el camino recorrido y dar el siguiente paso. No para volver a ser quienes éramos, sino para seguir descubriendo quiénes podemos llegar a ser.

Volver a encontrarte…

A veces, volver a encontrarnos no significa regresar a quienes fuimos.

Significa aprender a abrazar la vida que todavía está por comenzar.