Lo que me ayudó a volver a mí
Hábitos que acompañan cada día
Sentirnos motivadas no significa despertar todos los días con la misma energía ni tener siempre claro qué hacer. La vida tiene ritmos diferentes y aprender a escucharlos también es una forma de bienestar. Sin embargo, existen pequeños hábitos que pueden ayudarnos a comenzar el día con mayor intención y a mantener una conexión más cercana con nosotras mismas.
A veces puede ser tan sencillo como levantarnos y evitar comenzar el día inmediatamente con el teléfono. Abrir la ventana, respirar profundamente, tomar un momento de silencio o escribir algunas líneas puede ayudarnos a empezar con mayor presencia. También puede ser útil definir una o dos cosas importantes para ese día, sin convertir nuestra agenda en una lista imposible de cumplir.
Mover el cuerpo de alguna manera, disfrutar una alimentación que nos haga sentir bien, tomar suficiente agua, descansar y encontrar espacios para hacer algo que disfrutamos también forman parte de esos pequeños cuidados cotidianos. Leer algunas páginas, escuchar música, cocinar, caminar, aprender algo nuevo o conversar con alguien que nos inspira pueden cambiar la manera en que vivimos un día común.
Para mí, uno de los hábitos más importantes ha sido reservar momentos para preguntarme cómo estoy y qué necesito. No siempre tengo una respuesta inmediata, pero aprender a escucharme ha sido una forma de volver a conectar conmigo.
No se trata de hacerlo todo ni de construir una rutina perfecta. Se trata de encontrar pequeñas acciones que nos ayuden a sentirnos presentes, conectadas y dispuestas a seguir descubriendo nuevas posibilidades.
Buenas prácticas para la vida real
Organizarnos no significa tener cada minuto del día controlado ni cumplir una rutina perfecta. La mayoría de nosotras trabajamos, tenemos responsabilidades, atendemos a nuestra familia, respondemos mensajes, resolvemos imprevistos y, muchas veces, intentamos hacer varias cosas al mismo tiempo. Somos multitarea, y aunque no siempre sea posible hacerlo todo, sí podemos encontrar maneras de cuidar mejor nuestro tiempo y nuestra energía.
Una buena práctica puede comenzar por algo tan sencillo como elegir cada día qué es realmente importante. No todo tiene la misma urgencia ni todo necesita resolverse al mismo tiempo. A veces ayuda escribir tres prioridades para el día y aceptar que, si logramos cumplirlas, ya hemos avanzado.
También puede ser útil agrupar actividades similares, aprovechar pequeños espacios de tiempo y aprender a adaptar nuestros hábitos a la realidad que tenemos. Si no podemos hacer una hora de ejercicio, quizá podemos caminar unos minutos. Si no tenemos tiempo para leer un capítulo completo, podemos leer algunas páginas. Si un día no logramos seguir nuestra planificación, no significa que hayamos fallado; simplemente podemos retomarla al día siguiente.
Para mí, organizarse también implica aprender a dejar espacios sin llenar. No todo momento tiene que ser productivo. A veces necesitamos descansar, conversar, pensar o simplemente no hacer nada durante un rato.
Las buenas prácticas no tienen que convertir nuestra vida en una lista de obligaciones. Deben ayudarnos a vivirla con un poco más de orden, conciencia y flexibilidad.
Porque una vida organizada no es una vida perfectamente controlada.
“Es una vida en la que aprendemos a encontrar nuestro propio ritmo.”
A la vuelta de un café
A veces creemos que tenemos que encontrar todas las respuestas por nuestra cuenta. Que debemos ser fuertes, resolverlo todo y continuar sin detenernos. Pero con el tiempo he comprendido que no estamos hechos para caminar completamente solos.
También necesitamos a otras personas.
Personas con quienes podamos conversar sin tener que explicar cada detalle. Personas que sepan escuchar sin juzgar, que puedan compartir una experiencia, una pregunta, una idea o simplemente un momento de silencio. Personas que nos recuerden quiénes somos cuando por un momento lo olvidamos.
Creo que también podemos sanar y crecer a través de los vínculos que construimos. No se trata de rodearnos de muchas personas, sino de aprender a reconocer aquellas relaciones que nos permiten ser auténticamente nosotros mismos, que nos inspiran, nos acompañan y nos ayudan a expandir nuestra manera de mirar la vida.
A veces imaginamos que para comenzar algo nuevo necesitamos tenerlo todo resuelto. Pero quizás, en muchas ocasiones, lo que necesitamos es simplemente encontrar a alguien con quien sentarnos a conversar.
Alguien puede estar a la vuelta de un café.
Una conversación puede convertirse en una idea. Una idea puede abrir una posibilidad. Una posibilidad puede llevarnos a un nuevo camino.
Por eso creo en la importancia de construir nuestro propio círculo. Un espacio donde podamos compartir sin competir, aprender sin juzgar, crecer juntas y acompañarnos en las distintas etapas de la vida.
No necesitamos pensar que estamos solas.
Quizás todavía no hemos encontrado a todas las personas que harán parte de nuestro próximo capítulo.
Y quizás alguna de ellas esté, simplemente, a la vuelta de un café.
Historias que nos encuentran
A veces creemos que lo que estamos viviendo es tan personal que nadie más podría comprenderlo. Pensamos que nuestras preguntas, nuestros cambios y nuestras emociones son únicamente nuestros. Sin embargo, en algún momento podemos descubrir que, en algún lugar, otra persona también se ha hecho preguntas parecidas, ha atravesado cambios similares o ha intentado encontrar su propio camino.
En distintos momentos de mi vida encontré en los podcasts, las charlas, los libros, las entrevistas y las historias de otras personas una forma de aprender, reflexionar y sentirme acompañada. A veces una voz que escuchamos mientras conducimos, caminamos o tomamos un café puede decir exactamente aquello que necesitábamos escuchar.
No siempre encontramos respuestas inmediatas. A veces encontramos una pregunta nueva. Otras veces, una experiencia que nos ayuda a comprender mejor la nuestra. Y, en ocasiones, simplemente descubrimos que no somos las únicas atravesando determinado proceso.
Por eso creo en el poder de compartir historias. Porque cuando alguien se atreve a contar su camino, puede convertirse en compañía para otra persona que todavía no encuentra las palabras para contar el suyo.
En este espacio quiero reunir y compartir contenidos que me han inspirado, me han enseñado y me han acompañado: podcasts, charlas, entrevistas, libros, conversaciones y voces que pueden abrir nuevas perspectivas.
Porque quizás esa historia que estás buscando no esté tan lejos.
“Quizás alguien, en algún lugar, también está viviendo algo parecido a lo que tú estás viviendo.”
Y quizás una historia pueda recordarnos algo muy importante:
“…no estamos tan solas como a veces creemos.”
“No siempre encontramos el camino de una vez. A veces, simplemente empezamos a caminar… y en el camino volvemos a encontrarnos.”
HARULY by Lily Fajardo
